 La práctica pictórica de Edgar Bravo es digna de ser considerada de surrealista, en el sentido del automatismo, favorecido por las descargas del inconsciente. (Fuente Externa) | |
 Edgar con pincel en mano. (Fuente Externa) | |
 Edgar Bravo ante una de sus obras. (Fuente Externa) | |
Es algo verdaderamente sorprendente. Un real hallazgo encontrarnos con un niño de apenas dos años y medio que pinte unos cuadros de mayor tamaño que él. Me refiero a Edgar Bravo, hijo de Juan Bravo y Yesenia Espinal. En la historia del mundo han sorprendido los niños precoces. Así hallamos los comienzos de Mozart, Heirneken, quien a la edad que hoy tiene Edgar Bravo se había leído la Biblia entera y la recitaba de memoria. Así hallamos a otros muchos.
José Martí clasifica los genios en precoces, medios y tardíos. Lo más probable es que en el caso de Edgar Bravo estemos ante una precocidad debida a dos factores determinantes: el genético y el ambiental. La herencia genética de su padre, quien es un gran pintor, y el ambiente artístico en que ha vivido, un ambiente sumamente activo en cuanto al ejercicio pictórico.
La pintura de Edgar, como es natural, está impregnada del ludismo propio de los niños, pero con una pincelada fuerte e incisiva, cargada hacia un mismo punto, muchas veces. Asimismo, el rayonismo (efectuado con crayola), se expande ampliamente en la tela, y se hace presente en la mayoría de los cuadros, lo cual nos da una idea de la emotividad que subyace en las pulsaciones de este niño.
La práctica pictórica de Edgar Bravo es digna de ser considerada de surrealista, en el sentido del automatismo, favorecido por las descargas del inconsciente. Igualmente podría ser catalogada dentro de la corriente del Art Brut. No obstante, habría que destacar que la motivación inmediata y directa del medio ambiente que le rodea, ha favorecido la práctica de Edgar, pues al ver a su padre entregado apasionadamente frente al caballete, esto le ha servido de ejemplo. De seguro que André Bretón y Jean Dubuffet estarían, como yo, fascinados de contemplar estos trabajos de este niño pintor que es el más joven de este país hasta ahora conocido.
Su padre y su madre suelen preguntarle a Edgar que qué es lo que más le gusta de la vida, y él responde: La vida entera. Este niño ha comenzado a pintar prácticamente salido del vientre materno, le deseamos que Dios le dé muchos años, larga vida, para realizar muchas obras, con la misma vitalidad que ha evidenciado, la cual, sin dudas, ha heredado de su padre, el gran pintor Juan Bravo.
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